Su espiritualidad

Para Alberto Hurtado, Jesucristo es simplemente todo: la razón de su vida, la fuerza para esperar, el amigo por quien y con quien acometer las empresas más arduas para gloria de Dios. Es un apasionado por Cristo, como lo ha encontrado desde joven en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Ve a Cristo en los demás hombres y mujeres, especialmente en los pobres: “El pobre es Cristo”. Como sacerdote se siente signo personal de Cristo, llamado a reproducir en su interior los sentimientos del Maestro y a derramar en torno suyo palabras y gestos que animen, sanen y den vida.

Cuando el P. Hurtado se pregunta "¿Qué haría Cristo si estuviera en mi lugar?", está revelando el secreto del camino de santidad, de su "ser contemplativo en la acción" (típico de la espiritualidad ignaciana). Esa es la regla de oro que conduce su vida. No se trata de imitar mecánicamente lo que hizo Jesús... sino de tener la capacidad de discernir qué haría Él hoy.

Y cuando exclama "Contento, Señor, contento", expresa su fe en Cristo resucitado. Las veces que pronuncia esta frase, lo hace tras noches de muy breve descanso, de fatigas acumuladas, y con la cruz de la incomprensión de amigos y, a veces, de algunos superiores. Dolores, soledades y acusaciones sin fundamento, envidias, mezquindades... Pero nada le borra la sonrisa de sacerdote crucificado y resucitado con Cristo.