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Presente y Futuro de un gran don

7 de noviembre de 2005

En la misma Plaza donde, sólo hace algunos meses, una muchedumbre de creyentes gritaba “Juan Pablo, Santo”, rindiendo un postrer homenaje al Papa misionero, flamearon las banderas chilenas que saludaban a San Alberto Hurtado. En ese momento sentí que pisaba tierra de santidad, junto a esos miles de peregrinos chilenos que concurrieron a esta esperada canonización.

Ahí estaban los pastores de la Iglesia, encabezados por Benedicto XVI quien presidía su primera canonización. Ahí estaban las autoridades del Estado, encabezados por el Presidente de la República y su señora esposa. Ahí estaban nuestros invitados VIP del Hogar de Cristo junto a hermanos de los pueblos originarios y de oficios representativos del país. Ahí había civiles y uniformados, empresarios y trabajadores, y una muchedumbre de peregrinos que hicieron grandes esfuerzos por cruzar el Atlántico y celebrar a nuestro nuevo santo.

Y aquí, en cientos de vigilias cuyo epicentro se vivió junto al Santuario del Padre Hurtado, se preparó el corazón de la Iglesia y el corazón de Chile para recibir como Dios manda la certeza de que un chileno ejemplar era inscrito en el catálogo de los santos y, en palabras del Presidente, pasaba a ser “un padre de la Patria del siglo xx”.

¿ Cómo agradecer tanta gracia, tanto regalo ? ¿ Cómo agradecer tanto sacrificio, tanta colaboración ? En todas estas celebraciones destacan sólo algunos rostros cuando, si reuniéramos a todos los que han trabajado, podríamos hacer un mosaico de piedras vivas que juntas mostrarían el rostro más bello de la Iglesia.

A todos y cada uno, a todas y cada una, vaya la gracia y la bendición de este servidor que trabajó como Ejecutivo de la Comisión Nacional. Y a todos y cada uno, una tarea para la casa: ¿ cómo transformar en hechos creativos la gracia de la canonización para ser más cristianos y proyectar nuestra fe en la construcción de una nueva sociedad ?

Nos interesan las propuestas. No sólo a nosotros. Creo que le interesan a San Alberto Hurtado y al pobre – que es Cristo – por quien él entregó lo mejor de su vida.


P. Cristián Precht Bañados
vicariozsur@iglesia.cl